Haber crecido en la era de la tecnología implica entender como ambiente el contexto que nos rodea. Acostumbrados a la tecnología, su continuo avance, uso y desecho, son aspectos cotidianos que sólo requieren de nuestra atención sin mayor esfuerzo pues es lo normal. Adictos a las redes sociales, internet y a la sociedad paralela a la que estamos condicionados a doble existir, podemos tomar los espacios urbanos como antiambientes a la actualidad. Particularmente en una ciudad que aspira un avance acelerado, que está siempre en la búsqueda de lo nuevo y lo más moderno, donde lo más moderno es siempre lo más simple y minimalista pero a la vez tecnológico y complicado, tendemos a sobre mirar lo cotidiano y antiguamente ambiente para concentrarnos en lo actual, el nuevo ambiente.
La ciudad acelerada con ánimos de crecimiento, y sin luz alguna de detenerse en algún momento, se ha sobrecargado al punto del desorden urbano. La ciudad, las montañas, todo está invadido por hacinamiento, por una sociedad que busca constantemente la superación para poder alcanzar el status quo por el que tanto trabajan. Sin espacios, sin capacidad de respiración nos vemos obligados a pensar fuera de la caja, sin querer decir obligados con una entonación negativa. La problemática espacial que presentan la inundación de ranchos y negocios sobre negocios sólo deja la posibilidad de reutilizar, regenerar y crear sobre lo que antes existía.
Los nuevos artistas deben cumplir con la misión de generar obras que sean lo suficientemente atractivos para atraer a aquella mayoría que se mueve al ritmo de los avances, que vive en muchos espacios y tiempos simultáneos, y que no dejan espacio para lo monotasking ni lo que requiere dedicación ya que ésta se traduce en lentitud y pérdida de tiempo. Una manera de hacerlo es apuntar a la simplicidad donde la guía básica la estableció Maeda no hace mucho tiempo.
El Gimnasio Vertical de Chacao es un perfecto ejemplo de lo que organizar significa según Maeda. “La organización permite que un sistema complejo parezca más sencillo”. Utilizar un espacio limitado, del tamaño de una cancha de fútbol, para crear un complejo deportivo, completamente estructurado, equipado y útil para ofrecer comodidades reglamentarias, demuestra con claridad cómo el re-acomodar todo de una manera sistematizada lo suficiente y perfectamente definido puede dar con el concepto de simplicidad, satisfacer las necesidades de la sociedad del siglo XXI y calar perfectamente como expresión artística de antiambiente en un ambiente primordialmente tecnológico y globalizado.
Las tres estrategias lógicas se relacionan para el perfecto funcionamiento de la ley número dos. Ampliar el espacio, hacerlo más grande nos da la sensación de mayor orden y por lo tanto de mayor dispersión. La limitante espacial de la urbanización se resuelve: “si no puedo crecer hacia los lados como tradicionalmente se haría, pues crezco hacia arriba”. Todo aquello que no es necesario es discriminado, prescindimos de aquello que ocupa espacio inútil y causa ruido visual, dejamos lo justo, lo obligatorio, lo ineludible. Por último, la organización sistemática, todo en uno sin que se vea sobre cargado, categorías, cuadriculados, todo donde va y porque debe ir ahí.
Sistemáticamente planificado, virtualmente concebido, físicamente aplicado.